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Pero claro, para la justicia española en voz de sus magistrados, esas perversiones por ser victimas los niños de las peores, simplemente se solucionan con un cursillo sexual patrocinado por los impuestos de sus ciudadanos.
RISA ME DA, lo más triste es que esto tiene un efecto dominó, luego será Francia, Inglaterra, Portugal, mejor dicho, la Unión Europea; y quien dice algo? Nadie, porque ya muchos andan “untados”, estado, medios y muchos, muchos de sus ciudadanos ejemplares, que no quieren que esto se sepa y que nos quieren engañar “metiéndonos la mentirita” de que la pedofilia, pederastia y demás males propios de la imbecilidad mental, tienen curación. Pobres niños de nu7estra América que ahora y en este momento han sido víctimas por décadas para alimentar las bestias que piden material sexual infantil desde Europa, y ahora, estamos ingresando al pasillo de la muerte de la infancia en sus propias casas, estos dementes no tienen compasión de nada, ni siquiera de sus propios hijos, mucho menos de los niños de su entorno familiar y de amistad. Cerca del abismo están, abismo del cual nosotros apenas empezamos a salir en los países tercermundistas. Y luchamos por la infancia mundial pero se enojan cuando se les dice la verdad. Pobre infancia…

Ref: PORNOGRAFÍA INFANTIL: De dónde sacan los niños 
Fuente: Fundación Adoptar Argentina
Noticia escabrosa, triste y premonitoria:

El pederasta reincidente, un informático experto, se niega a dar las claves de acceso a sus archivos, que están encriptados 20.10.10 – 00:52 – RICARDO FERNÁNDEZ MURCIA.
Otra de las verguenzas:
El ordenador portátil que los policías judiciales localizaron en la vivienda de José León Tornero Santos almacena un buen número de carpetas encriptadas. Protegidas por una clave, que sólo éste pederasta reincidente conoce y que guarda y oculta como si fuera la llave de la mazmorra. Quizás, en el fondo, lo sea. No en vano, los especialistas de la Unidad de Delitos Tecnológicos que están investigando el caso, y que estos días tratan de desentrañar los misterios de esas carpetas de documentos, imágenes y vídeos, están convencidos de que los archivos pueden sacar a la luz a nuevas víctimas de las aberraciones del pedófilo.
«Si no guardara material delicado en esas carpetas, no tendría tanto interés en mantener su contenido bajo secreto», razonan fuentes próximas a la investigación del caso, que explican que la Unidad de Pericias Informáticas de la Jefatura de Murcia ya está tratando de desentrañar las claves. En caso de que las labores se compliquen, el ordenador podría ser enviado a especialistas de Madrid, que disponen de mayores medios.
En el registro del domicilio del pederasta, ubicado en la calle Doctor Quesada Sanz, en el barrio de San Andrés de Murcia, los agentes intervinieron además varios DVD, un ‘pen drive’ y diversas tarjetas telefónicas, que tienen interés para la investigación ya que en algunos casos de abusos a menores se ha comprobado que estos delincuentes ofrecen recargarle el teléfono a los menores, a cambio de fotos suyas en actitud erótica.
Los policías han conseguido ya reconstruir en parte la forma de vida de José León Tornero desde que salió de prisión, hace unos meses, donde estaba cumpliendo condena por el ‘caso Rúber’ de pederastia y pornografía infantil. Es uno más de los ocho asuntos en que este conocido pedófilo murciano se ha visto envuelto desde 1997.
Así, los agentes han comprobado que había vuelto a un antiguo domicilio de su abuela, ya fallecida, y que se ganaba la vida dando cursos de informática a miembros de diversos colectivos profesionales.
El chico vino en tren
La detención de José León se produjo a finales de la pasada semana, después de haber convencido a un chico de 14 años, vecino de Alicante, de que viniera a Murcia para encontrarse con él. El menor dijo a sus padres que iba a pasar la noche con un amigo y cogió un tren hacia la capital murciana. Todo apunta a que ambos se fueron a cenar, pero José León tuvo un problema con el dueño del local -al parecer se negaba a pagar- y éste llamó a la Policía. El pederasta se marchó, dejando solo al chico, quien, desamparado, acabó confesando a los agentes el motivo real de su viaje.