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Prensado a una reja como prisionero herido,
con su carita vaga y sus ojitos hundidos,
en gesto triste de dolor y olvido
descansa faenas este pobre niño…
Observa concentrado, dentro de una cárcel
de pequeños alegres de ojos coloridos,
de brincos de saltos, carcajadas inocentes
de niños sonrientes de hermosos destinos…
Desde fuera, ojitos de prisionero quieren sonreírle,
con sus pobres ropajes de mendigo,
de zapatos disparejos, toditos rotitos
de pobre andrajoso andariego…
Su carrito de llantas ruidosas
cargando cartones y bolsas
y juguetes dejados por viejos,
reposa a su lado, como lleno de sosiegos.

Vigilantes, silenciosos,
fieles y hambrientos no dejan de verlo,
sus gigantes perros, dos lebreles callejeros.
Sedientos jadeantes,
aguardan que su amo deje de soñarse…
El ángel mugroso levanta sus ojos,
acaricia mi uniforme con su lánguida mirada,
yo, dentro de mi cárcel
con puños de acero quiero retirarle,
y no deja de mirarme…
Sus ojos suplicantes quieren taladrarme,
y miro la cárcel en la que me encuentro,
los niños que corren por entre los juegos:
zambullen piscinas, ruedan por el suelo,
comen, beben, se jactan de viandas.
Y me siento también preso…
Le digo amoroso,
acariciando su quejumbroso cabello,
-Quieres divertirte con ellos?
Me observan sus ojos orientales y negros,
se cierran con su franca sonrisa de dientes incompletos…
Y suelta la reja que quiso aprisionarle,
chasquea sus dedos,
se aprestan sus guardianes perros,
empuja su carro cargado de sueños,
se aleja ruidoso como garrapateando el pavimento,
sus zapatos rotos dejan que acaricie el hirviente suelo…
Detiene su letárgico vuelo…
Se acerca cansado de nuevo a mi reja,
toma mi mano de prisionero
Me dice muy quedo:
-Toy libre, yo y mis perros!
Del cofre raído de sus bolsillos llenos de tesoros valiosos ,
Saca y me entrega su preferida canica, un poco desportillada,
y un angelito sucio de porcelana lanzador de besos.
Los deja en mis manos,
quiero detenerlo, pero estoy preso…
Se aleja sonriente en busca de su carro y de sus perros…
Con mis lágrimas lavo el angelito encomendado,
lo limpio, lo beso,
le hace falta un ala,
está como herido, esta como yo… preso…
Alzo la mirada
y allá, aquel niño que sonríe y se aleja,
y libre lo veo y yo tras las rejas.
Se va muy tranquilo
y en su pensamiento
su carrito repleto de sueños es un trineo,
halado por sus dos hermosos renos,
mugrosos guardianes de un ángel andariego,
fieles sus dos perros…
Y el libre,
y los niños entre rejas, y yo… preso…
Pensamientos de un vigilante en un parque de diversiones.