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A quienes bajo la salvaguarda del silencio de sus apocentos, decapitan los sueños de los inocentes…

Abraza un sueño, el último sueño
Penumbra,
mirada en lontananza
criando pensamientos.
La sombra de los sueños
el vientre amansa.
Se ciñen sus cascabeles,
acude el frío tibiecito,
se cierran los ojos y
queriendo retirarse
los cuerpos más se juntan.
El uno por invisible
se palpa maravilloso,
el otro, carnívoro sediento
malévolo y sudoroso…
Un beso silencioso,
el sitio: prohibido…
Se abre la puerta de la esperanza,
las manos se entrelazan,
los ojos se abren y se miran,
la inocencia se escapa,
la piel se eriza,
un gemido el aire rompe,
de pie, silente,
el ángel asustado
quiere irse pero
el fuego interno
se lo impide,
roza sus labios y muerde,
en una nube suave
sus cuerpos fallecen
de amor sincero…
No existe más en el cielo
solo su nube y su secreto.
Sus alas encarama discreto
asoma las puntitas de sus dedos santos
y sigiloso vuela…
El ángel ha pecado.
Pero nadie lo sabe,
solo sus alas,
testigos como mudos
que son cómplices
del amor verdadero…
Quien vive, despierta en su lecho,
hecho solo desde siempre,
su sueño realizado…
Sonríe rumbo a su rutina
pero dentro, dentro muy dentro
ilumina su sonrisa y su secreto
el delicado sueño de la noche pasada.
El ángel, asexuado,
explica a su aire,
como sin consuelo
que nunca, nunca, pero nunca
en la misma nube
hallará de nuevo un sueño…
Y vuela, inocente
a salvarse de condenas
a su escuela
que es el infinito inexorable,
caudal de sueños,
los ángeles tiernos,
inmundas criaturas suaves,
vuelan en las noches
haciendo pecadores,
desnudos entrambos cuerpos
a humanos débiles
robándoles las penas
que callan,
la condena:
el delito de soñar
no es delito,
es una cadena eterna
transparente y fatal,
de sabores deliciosos,
de colores fragantes,
suave al paladar
de los ángeles…
Los pecadores de pensamiento
caminantes de la vida fallecen,
poco a poco, mueren…
Los ángeles, eternos cazadores
de sueños prohibidos
sus reyes, los hacen invencibles,
sus amos los hacen ágiles,
se abalanzan en sus víctimas,
impotentes ceden…
Poco a poco mueren
en sus prohibidos sueños…
Envejecen,
atesora su prójimo
desaires, desprecios,
muerte en soledad,
quizá la eterna juventud
de aquel ángel visitante
de otrora noches sombrías,
solitarias sesiones
de flagelar su llanto
le acompañen
en su duro camino
al averno imaginario…
Los humanos lo niegan,
los ángeles inmortales,
guías de sueños prohibidos
guías del último camino…
Ellos, los pecadores invisibles
los dueños de alas como nubes
saben que existe.
Gritan.
Nadie sabe escucharles,
perecen y entonces,
con voz grave, el perdón escapa
de sus labios mustios,
un frío insípido arde,
es tarde, el ángel ya no siente amor,
siente lástima…
La juventud ha muerto
y con ella sus dueños imperfectos…