>A una familia que renace de las cenizas, por el bien común y luchando contra el abuso sexual infantil.
A un apreciado amigo, Miguel, cuenta con nosotros, ya tu sabes! Adelante con tu familia.
Fuente Original: www.m-x.com.mx 

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La historia de Miguel Adame es la de un
ciudadano que, desesperado ante la impunidad
del abuso sexual contra su hija, emprendió una
lucha por castigar al responsable. Pero se topó
con una pared: descubrió que la ley es una pesadilla
para los menores agredidos.
No se quedó cruzado de brazos. Decidió intentar
lo que fuera para acabar con ese abuso
de la ley y evitar que los menores fueran víctimas
por partida doble. Sus amigos le decían
que estaba loco, que nada conseguiría, pero
no desistió. Después de casi cuatro años, logró
que en la Cámara de Diputados se presentara
una iniciativa de reforma para que los niños no
sean obligados a carearse con su agresor y para
que les permita denunciar el delito una vez que
hayan cumplido la mayoría de edad. La idea es
acabar con la violencia institucional que los hace
víctimas por segunda ocasión.
Por Vanessa Job vanessa@m–x.com.mx
Fotografía: Christian Palma

… Un día de diciembre de 2006, el hombre se acercó a su nieta

de seis años y la acarició de una forma que la hizo sentir
incómoda. La niña corrió con su madre y se lo dijo.
En ese momento la familia explotó como un meteorito.
Miguel Adame, padre de la niña, sentía ganas de tomar
al abuelo materno de su hija y hacerlo pedazos. Pensó en hacerse
justicia por mano propia. Se detuvo a tiempo, prefirió
recurrir a la ley para castigar al abusador. Entonces conoció
el otro abuso: el de la ley.
El padre de la menor, un hombre de clase media que trabaja
en una firma financiera, tomó su auto y manejó hasta
llegar al búnker de la Procuraduría de Justicia del Distrito
Federal, donde lo atendió una mujer, a quien le explicó lo
sucedido.
–¿Hubo violación? –le preguntó.
–No –contestó.
–Si no hubo violación, entonces no le pasó nada –dijo la
empleada y siguió; su voz parecía un taladro ante los oídos
de Miguel Adame.
–Mire, si quiere denunciar tiene que venir con la niña y
no se lo recomiendo porque va a tener que pasar a un peritaje
médico, que es una exploración vaginal y anal, y lo pueden
hacen médicos hombres. Va a tener que pasar con la policía
judicial y regresar con el ministerio público varias veces.
Miguel Adame salió del edificio como si cargara en hombros
las toneladas de cemento que pesa el búnker de la policía. Y
empezó a buscar ayuda profesional para su hija.
“No fue sencillo encontrar un psicólogo para niños, no
supe a dónde acudir para ver qué tanto había sido afectada.
Me metí a internet a buscar ayuda y no encontré nada. Me
dieron la dirección de una clínica de atención que está en la
calle de Pestalozzi, en la Colonia Del Valle, pero me daban
la cita hasta dos meses después”.
Cuando por fin encontró auxilio profesional, la psicóloga
le aconsejó no llevar a su hija a declarar ante las autoridades
porque podría ser un evento más traumático que
lo que ya había vivido.
“No he podido meterlo a la cárcel porque no hay condiciones
y no lo quiero hacer a costa de la estabilidad emocional
de mi hija. No vale la pena”, dice el padre de la niña,
que ahora tiene 10 años….