>Muchas vida vi pasar y detenerse.
La muerte visita
y rauda estremece los ambientes..
Mucha vidas, muchas muertes…

Para: Alexandro Flechas en su cielo eterno…
Ya con el desespero por el hambre, en la solitaria calle permanezco a la expectativa de la muerte. Y es tan viejo mi refrán que las lágrimas se acabaron ya desde hace décadas y la prosa que era compañera en versos de tristeza se ha tornado.

En la loza fría me hallo, sin más pan que el mismo ácido que recome la mucosa intestinal; está oscuro, se siente la humedad, en la hoya de Guayaco, las calles sombrías llenas de espejos de la vida que son hombres, mujeres y niños sin destino, ciegos en el vicio… Y yo… Inocentemente quise cambiar la realidad, la realidad que no tiene cambio, solo vine acaso a ser testigo de este mundo que deshizo los caprichos de los niños y las niñas en ideologías crueles y baratas de que entre más se tenga plata, entre más dinero haya en los bolsillos, más bueno se pasa… Quien ha dicho que eso es el infinito destino de los niños?

Pero me equivoqué y allí, sentado y solitario sin más compañía que los borrachos, las prostitutas, los pederastas, proxenetas, jíbaros, matones drogadictos y por supuesto docenas de niñas y niños, los líderes de pandillas… Y yo, soy invisible a sus conciencias enfermas. Es un don que muy tarde me di cuenta que tengo… No existo, esa es la ciencia de mi vida. Nunca he existido, como le voy a pedir a la muerte que venga conmigo si nunca he existido?

Antes creía que era misión humanitaria ayudar a los niños, verlos sufrir así me martirizaba el alma y ponía en mi garganta gritos, gritos que se convertían en lágrimas de sangre, que de pesar y desesperanzas se fueron transformando en deseos de venganza, alguien tiene que cobrar el mal y la porquería que le hacen a los niños…
Han pasado quince años desde aquella época, cuando un hombre adinerado que fue víctima de atraco fue puesto en mi camino, ya no tenía yo esperanzas, ni vida! Enfrentarme a los ladrones fue como lo que estaba desde tiempos pidiendo, una oportunidad para la muerte y desarmado de frente poner el pecho para que sus armas utilizaran, pero el don, ese maldito don que tiene mi mirada, que quizá simplemente es la sombra de la misma muerte y la fuerza que desde tan dentro y encadenada a la locura vierte en mis puños mis piernas y mi alma el poder que siempre me ha salvado de lo que no quiero desde hace tanto. La vida…

Walter, se llamaba, comerciante, adinerado, de joyas repleto y dinero por doquiera, porque se atravesaba en mi camino o yo en el suyo cuando ya a mi final llegaba?

Todas esas horas de tristeza, los días de mal comer se acababan ante la insistencia de aquel salvado que rogaba recibiera algún pago por mi ayuda.

Quien se niega? Desagradecido jamás he sido con los mortales.

Dormí bien esos días, esos meses. Se acabaron en parte mis males; los viajes fueron constantes, a Segovia, el oro, la ambición, pero también el destino que hizo que allí en esa hermosa ciudad pueblerina del todo, encontrara un ángel que me devolviera en algo las esperanzas…

Alexandro, el cómplice pequeño de asesinos, el amigo de sicarios que quiso como yo dejar la vida por aburrimiento físico…

El, fue el que originó que dejara el miedo a las matanzas, sus deditos delgados y morenos ya los cayos despuntaban, del gatillo, por supuesto… no tenía el más mínimo miedo a sus doce años entonando sus palabras con su acento tan paisa… Sabía y conocía la muerte como de la mano su palma… Que diestro para la malevolencia, pero su alma no diferenciaba de la maldad o bondad a quien podría perdonar o mataba, nada le importaba y a pesar que pocos “trabajos” de esos de apuntar y disparar por plata, había aceptado, estaba dispuesto a viajar de las minas auríferas a la capital, tenía ambiciones! Cosa que me faltaba.

Y surge así una amistad inesperada, yo, torpe, tratando de entenderlo, para que me importaba que fuera un niño bueno? Para que? Si en este mundo nada sacan los buenos con su bondad en cambio la maldad de los malos es premiada.

De él, de Alexandro aprendí en tan corto tiempo a ser un poco despiadado, a desmenuzar las ideas como vengan! Que importa quien es o que hace, que importa si tiene familiares, que importa si lo importante es la plata? Era su oración diaria y a juro que se la creía, porque si algo trataba de cambiarle con mi impertinencia, desenfundaba su juguete de quitar vidas, su arma quita almas y me apuntaba y decía orgulloso…

– le apuesto a que de inmortal usted no tiene nada..
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Y si, acertaba, pero el don, la mirada, la adrenalina vagante a voluntad y la fuerza constante en la mirada, le infundían cierto temor, esa sombra en mis pupilas, la muerte misma que llevaba, quizá desde cuando he nacido, nadie sabe, pero la mirada siempre ha sido el espejo de mi alma, muy nervioso se ponía, tal vez lo temerario que veía mi alma herida por las vicisitudes de la vida…

Alexandro, para ti escribo cuentos, tonadas y prosas musicales, en tu nueva vida has de estar feliz, sin armas, sin la frescura violenta que te acompañaba, me robé tu violencia, me robé tus penas y experiencias… Me quedé con tus pecados y te has alejado un poco triste, pero ya me has olvidado, sin embargo, aquí permaneceré impávido, cuando quieras visitarme, a veces me maldigo porque tuve que inmiscuirme en tu destino y desmembrarte la maldad, para volverte un muchacho sano, me digo, que quizá si hubieras disparado en esas charlas llenas de chanzas, quizá hubieras malogrado tantas almas…

Para la postrera escuela, de Colombianitos sin destino, espero que tu alma buena se oriente por el buen camino y ayudes a cuantos más niños puedan, ya que este pobre mortal nunca pudo realizar su sueño de cambiar conciencias tan dañinas.

Alexandro, “suerte, muerte y una puñalada en la frente”, como me decías cuando en tu alcoba tibia daba yo las buenas noches en esas épocas de alegrías.

Para ti… En tu etérea dimensión desconocida, mis pobres escritos de la vida misma…
Joshua…………