>Nunca se podrá llegar a terminar de escribir esta historia, una historia sin fin que se repite cada segundo, en cada rincón del planeta, niños, niñas, cuyo único destino es la miseria; la vida, un mar de vanidades que muy pocos llegan a disfrutar plenamente.
Como estrategia de posicionamiento en las tareas de infiltración en los foros de depredadores sexuales de niños, está historia se supone escrita por un chico de doce años… Este documento cumplió su misión… Reposa tranquilo y sereno como testigo de una lucha sin cuartel contra la pornografía infantil, la pederastia y la pedofilia en el mundo.


A Fabián, a Carlos Mario, a Héctor Dario, a Miyey, a Carol, a Joany, a Marleny, a Nohora, a Sergio Andrés, a Leidy, a Duncan, a Allan… a todos esos niños y niñas, mártires sacrificados por los de su propia sangre… A los hijos de la calle, al hijo que se fue triste sin mirarme, al padre que llora la partida de sus ángeles…
Inventada, escrita e inspirada en los niños del Parque Bolivar en la Ciudad de Medellín, Colombia, testigo muda de pequeños prostituidos que crecieron en antros de lenocinio, que llevaron a sus propios hermanitos menores, a sus compañeros de estudio, a sus primos y vecinos, a engrosar una cadena de meretrices masculinos que vieron crecer sus dientes definitivos y cambiar su voz, entraron a la pubertad en medio de sábanas ajenas y sudores hedientos a perversión; generaciones completas de niños y niñas, desde siempre, desde muchos años hace…
Angeles caídos que se perdieron en medio de las drogas y las balas, mientras los mafiosos magnates y políticos se regodeaban de placeres inalcanzables. Hoy, las cosas siguen peor, más disimuladas, la ciudad más bella, pero llena de los mismos secretos de antes, que nadie por vergüenza se atreve a aceptarlos. Pero todo en esta vida se paga… Es cuestión de tiempo.
… México no ha aprendido de nuestros errores, deberían hacerlo, antes que sus ríos se manchen de sangre de los más inocentes, como lo reza la historia de las comunas y las fabelas de nuestros países bananeros y tercer mundistas de América Latina…
En 23 de Mayo de 2006, letras mudas escrutas con el dolor de quien sabe a quienes se enfrenta, obituario de tumbas de vivientes que se niegan a dejar morir su inteligencia marchita.
Fuente original Los cuentos.net
LIMOSNEROS DE AMOR…

Sábado. 3:50 de la madrugada.
Hace mucho frío en esta Bogotá extrañamente silenciosa.
La luz de la cocina está encendida. Me voy allí, con mis babuchas tibias de gorila.
Jesús Armando está allí con su pijama de pantalón corto y su camisa que parece bobito porque tiene pintados a winny po y sus amigos. El ya esta grande para eso.
Me siento en mi sillita que compró solo para mi a un artesano pobre y que solo usamos los sábados, para empezar nuestro ritual de los sábados nada más.
En la estufa una olla grande echa vapor y huele muy deliciosos. A dulce huele. Es aguadepanela que está hirviendo.
Me mira y me saluda con sus cejas pero no dice nada. Sus ojos son diferentes los sábados. Me gustan sus ojos de los sábados!
Me sirve un pocillo de aguadepanela y le echa algo de tinto para que no quede tan caliente y además queda muy rica.
-Ya te bañaste la trampa? Me dijo.
O sea cepillarme los dientes. Jajaja.
-Ya voyyyyyy. Que pereza.
Me cepillo los dientes. Allí empieza nuestro ritual, nuestro ritual de los sábados, nuestro ritual de LOS LIMOSNEROS DE AMOR…

Me siento de nuevo en mi sillita en la cocina. Me da mi aguadepanela tinto y me dice muy pasito:
– No olvides tu oración.
Ya a veces no me acuerdo por el sueño que tengo a esas horas si es El Angel de la Guarda o cual oración.
Me mira con las manos en la cintura y me hace caras.
– Ya se cual. Le digo y sonrío.
Se agacha y me da un beso. Ya saben de los que saben a caramelo pero este es un beso muy suave y tierno solo puesto en los labios no mas. Sin babitas.
Se me quitó el sueño ja!
Es un beso diferente, es un beso de los sábados.
Me da entonces medio pan no más. Pero es suficiente. Tendré que darle medio pocillo de mi aguadepanela. Así es el ritual. Pero antes mi oración de los sábados:

Pushab hers hetarzi ijnabieu, ignau kapaus unawib. Yaku Llafu gazza.Oh viurez karesh proushab trinken aunkaren kichem.
Amen viourez katrif.

No se que lenguaje será. Pero hay que pronunciar bien y con devoción. Es una oración para pedir sabiduría y protección. Yo no se a quien pero hasta ahora ha funcionado.
Se sienta en mi sillita y yo en su rodilla y comemos nuestro alimento en silencio. Antes el lloraba cuando lo hacíamos. Ya no. Ahora se siente no feliz pero si tranquilo. Ya terminamos.
Nos vamos al baño y hace demasiado frío. Nos metemos a la ducha y los cuerpos echan vapor. En silencio los dos y yo tirito de frío y meto mis manos apretadas entre las piernas y el me enjabona y me baña y yo solo tiemblo pero me aguanto el frío.
Me cubre con su toalla grandota playera y me seca. No dejo de temblar. Me seca y yo me ayudo y me voy a vestirme solo.
No es la misma ropa de siempre, es más sencilla. No tiene marca. Los zapatos son como botas de militar pero color marrones y tampoco tiene marcas. Bien amarradas toca ponérselas. Un pasamontañas para el frio. Es de lana. Ya estoy listo. Me voy a su cuarto y me perfuma con su desodorante y su loción. No es del mío. Así tiene que ser los sábados.
No se porque.
Vamos a la cocina. Empacamos la aguadepanela en dos termos, el suyo es más grande que el mío. En una bolsita blanca metemos muy ordenados y entre otra bolsa de papel para mi 20 panes y para el en otras bolsas otros 30 panes. Eso lo metemos a cada maletín de cada uno.
Los panes tienen dentro un pedacito de queso. Huele delicioso los panes.
Mi maletín también es el viejito no el del colegio, ahí meto el termo de la aguadepanela y los panes.
El hace igual en su maletín.
Me arregla el pasamontañas enrollado en la cabeza. No me cubre la cara.
Sus manos están calienticas. Me toma de la carita para darme un beso y cierro los ojos pensando que es en la boca. Pero no porque es en la mejilla.
Me dice vamos y me da una palmada en la cola.
Mete mi tarjeta de identidad y la autorización de mis papás para ser mi tutor y acudiente a su billetera. Saca un billete de 20.000 pesos y lo mete en mi bolsillito del pantalón:
– por si acaso.
Me cuelga una cadenita de acero con una plaquita que dice mi nombre Alexandro Flechas. Y su teléfono del celular y del apartamento.
Salimos a la fría calle, hace neblina pero ya se va desapareciendo como si corriera porque ya el sol la va a pillar.
Caminamos dos cuadras y esperamos unos minutos y pasa un taxi. Es cerca de La Fiscalía y hay hombres afuera en motos y con fusiles vigilando y está muy iluminado su edificio. Seguimos de largo y nos miran como sospechando algo.
Llovizna un poquito ahora y el frío se hace peor y olvidé traer mis guantes.

El taxi anda una cuadras y la voz de Jesús se oye gruesa y lenta.
– Nos llevas a la 22 con séptima por favor.
Me abraza y me toma las manos para darme calor sobre los maletines que están calientes por los termos de la aguadepanela.
Llegamos allá esta muy solas las calles. Antes yo sentía miedo terrible. Ya no.
Se ven de pronto salir de unas entradas de un teatro algunos niños. Ya parece que esperaban. Caminan despacio. Como zombis, me parte el alma eso. Traen sus cobijas mugrientas y mal olorosas en sus hombros y una botellita de sacol o pegante bóxer entre sus mangas de las cuatro o cinco camisas sucias que tienen puestas unas encima de otras y que huelen peor que sus sucias cobijas.
El paga el taxi. Yo me voy a encontrar a los niños. Hay como tres adultos con ellos pero no se acercan. Saben que vamos por los niños primero y si nos sobra les daremos algo a ellos. Siempre sobra y hasta para nosotros.
– Parcerito
– Mi perrito
Me dan la mano y no me importa así este sucia y oliendo a berrinche se la doy por que se siente necesidad de amor. Así deben ellos sentir de mi mano también. Necesidad de amor, de su amor.
Antes yo lloraba y no podía darles nada solo lloraba agarrado de la pierna de Jesús pero ya aprendí que así no consigo nada.
Esos niños lo quieren mucho, ellos abraza a veces y ellos lloran y le cuentan cosas de los “tombos” o de los hombres ricos que los buscan en sus autos lujosos.
No todos están sucios. Hay unos que huelen raro. Hablan como si estuvieran absorbiendo el aire con dificultad. Es por la traba de bazuco que tienen.

Segunda parte

Antes me daba mucho miedo y hasta me olvidaba del frío tan tremendo.
Jesús me llevó allí porque sentí mucha curiosidad porque los sábados hacía eso siempre. Se levantaba temprana hurgaba por allá en la cocina. Entraba en mi cuarto y dejaba una notita. Vuelvo en la tarde, vete juicioso a Las clases de piscina y en la tarde te acompaño a la Academia de tae kwondo. Hoy coloco estas notas de esta experiencia que después ustedes calificarán cuando termine de contarla, porque me conmovió mucho el post de los niños maleducados de BLONE. Tal vez no vean a simple vista porque. Lo único que digo es que necesito contar mi historia de hoy.

Sentí tanto miedo el primer día que fui a esas calles que no puedo mentir me alcance a gotear los orines de miedo y me temblaban las nalgas y las rodillas de frió y de terror.
El me abrazó muy duro casi estrujándome me dijo que me calmara que eran amistosos, sucios y viciosos pero amistosos. Que no tuviera temor.
Este sábado es un día especial. Hoy voy a conocer a Fabián. Tiene once años. Vive en un hotelucho que llaman residencia y sirve para casa de citas de hombres, niños, mujeres, travestís y viciosos también. Arriendan piezas dice Jesús Armando.

-Iremos donde Fabián. Dijo en la mañana.

Damos en vasos desechables de plástico el aguadepanela. Un niño muy sucio y con su nariz llena de mocos y temblándole la quijada se limpia con las mangas de sus camisas porque tiene como tres puestas una encima de otra y todas sucias de negro de mugre. Con sus mangas se limpia los mocos. Me da asco pero me aguanto. No tiene la culpa.
El es el que me ayuda a llevar los vasos de aguadepanela caliente a los otros niños que están sentados contra la pared y otros que ya se acercaron a nosotros.
Cogió un vaso y se lo lleva a otro niños que esta en un rincón envuelto en una cobija. Solo se ve su rostro iluminado con una llama muy roja pero solo cada ratico. Está fumando bazuco. Deja su aguadepanela al lado y sigue fumando. Pobrecito.
Jesús me mira y me hace gesto de que no le pare bolas. Sigo repartiendo el pan. Se lo doy de mi mano. Pareciera que no tienen hambre pero si se lo doy si se lo comen. Ninguno me da las gracias. No saben decir eso o ya se les olvido seguramente.
A veces devoran el pan y se queman con la aguadepanela pero como que no les importa mucho eso. No soplan solo se la beben así.
Me miran. Presiento que me envidian de verme así bien vestido y con ese que ellos piensan que es mi papá. Se que el tiene como una culpa adentro y por eso se viene a hacer esto los sábados. No le pregunto nunca nada de eso.
Me siguen mirando mientras acaban su casi desayuno tempranero. Me siento mal pero tengo que aguantarme. Solo les sonrío y me siento al lado del más pequeñito. Nunca hablo solo si me preguntan. No se que decirles para empezar conversa. Así que espero a ver que me dicen. Casi siempre se pasa en silencio el ratico de estar con ellos.
Es una extraña penumbra fría donde solo oigo chasquidos y sorbos sedientos como de amor. Solo me siento contra la pared y recoger mis rodillas y esperar mirando… chasquidos y sorbos de niños abandonados…
Esta madrugada son como 12 niños debe haber otros pero no nos vamos muy dentro de “la olla” eso si sería peligroso.
No se el nombre de ninguno de los niños y creo que ellos tampoco ya se saben ni el suyo.
Recojo mis cosas dentro de la maleta. Se me hizo bastante raro que nadie me pidiera mas pan o aguadepanela.
Jesús se fue a sentar en el andén. Lo busco y me siento a su lado ya son como las 4 y 45 de la madrugada y el frío se empeora. Los muchachos grandes no quisieron recibirle a Jesús el aguadepanela ni comieron pan. No les insistimos.
Me abraza ahí sentados. La luz del poste le hace brillar sus ojos. Es un brillo extraño están aguados pero no tiene lágrimas.
Me coge del cabello por la nuca y me pega su frente contra la mía suena duro pero no me duele, nos quedamos unos segundos así y no me di cuenta a que horas le puse la mano en su cintura y le agarré durísimo la chaqueta.
Hay ganas de llorar pero no lo hacemos pareciera que el frío congeló el agua de los ojos…
No hay palabras, nos miramos a los ojos y ese nuestro lenguaje que usamos siempre es como un lasito azul brillante que nos une y nos deja conversar sin decir palabras.
Nos pusimos de pie. Echamos a caminar son como seis cuadras de distancia. Es zona de tolerancia y está la policía dando rondas. No es tan peligroso como antes era.
Casi diez minutos después pasamos frente a un CAI o sea una estación de policía pequeña como en la carrera 13 con algo así como la calle 15 del centro.
Hay muchos sitios de mucha música de guasca y vallenatos. Huele a demasiado ambientador y a blanqueador y creolina. A cigarrillos y a orines a tristeza y porquería juntas… huele a maldad y huele a dolor… huele a vida y huele a muerte… huele a mi…
Una motocicleta se acerca. Son los policías. Nos requisan rápido y ya saben que hacemos entonces nos dicen sigan.
Caminamos como media cuadra después del CAI. paramos frente a una residencia o motel o casa de citas que se llama aquí. Se llama como que Tamanaco. No recuerdo bien. Hay una reja con un candado viejo de esos grandes y oxidado.
Jesús timbra y una señora gordita sale a la ventana de un segundo piso y le tira una llave con una tabla amarrada y le dice
– que hubo mijo. Entrese
casi no puede abrir el candado. Entramos y desde afuera un travesti me mira y se muerde los labios y dice duro todo amanerado
– que pecadito de niño tan lindo y en esas.
– Maricona. Dije pasito que no me oyera son muy peligrosos.
La escalera esta iluminada con bombillos rojos y casi no se ve nada. Huele a mucho ambientador de pisos que da hasta asco.
Desde afuera de la reja se oyó otro de esos travestis que dice
– ayyyyyyyyy pobrecita criatura.
Eso lo dice por mi porque piensa que yo hago programas con hombres y que Jesús es que va a hacer cosas conmigo.

Miré para la reja y no había nadie. Me dio mucha rabia.
Empezamos a subir las escaleras tan largas y de alfombra roja ya toda rota.
Ya cuando llegamos arriba a la otra reja alguien grita desde la reja
– ey!!!
Jesús se mete la mano a su chaqueta y baja rápido. Miré bien y es un policía. Le da la mano y ya vi que le paso un billete. Se sube corriendo y el policía le dice que se cuide y lo llame por si acaso,
Dentro se oyen murmullos de un montón de puertas pintadas de verde oscuro y hay una sala con muebles viejos pero se ven limpios.

Una niña como de doce años sale de un cuarto en toalla. Detrás un hombre todo peludo en calzoncillos y la lleva de la mano se meten a un cuarto de baldosas blancas que es un baño.
Me estoy asustando. Se oyen unos quejidos de una mujer y como si le torturarán y le dije a Jesús que nos vayamos y me agarré de su pierna durísimo y no me solté me dio miedo que estuvieran matando a esa señora.
– cálmate esa señora esta trabajando. Solo eso me dijo. Y me dijo al oído : – es una prostituta. Serénate.
Saludamos a la señora que tiró la llave se llama Marthica.
Ella me coge la cara
– tu eres Alejandro verdad nene?
– No soy Alejandro soy Alexandro.
Me asusté otra vez porque se escucharon otra vez los quejidos pero más fuertes de esa prostituta de señora. Lo abracé durísimo otra vez y le decía vámonos! vámonos.
Pero se arrodillo y lo abracé. me cogió de las manos y me miro a los ojos. Debes calmarte no pasa nada ese es su trabajo. Quejarse y aparentar que la pasa bien. Y después cobrar.
– cálmate nene, aquí dentro estamos más seguros que en la calle ahora mismo.
Me calmé y me senté a la orilla de la vieja silla esa.
– Fabián está? Preguntó él como algo asustado.
La señora Marthica sonriendo señalo con la boca a un cuarto de los de puertas verdes.
A Jesús se le iluminaron los ojos. Me sonrió y me cogió de la mano y dijo ven y golpea.
– creí que no estaría me dijo al oído.
Me asalta la gran emoción de conocer a Fabián. Golpee con mucha timidez.
No habrían la puerta y el corazón se me iba a salir y sentía muchas cosquillas dentro del estómago.
Jesús me da un beso en la oreja y me dice que a partir de hoy mi vida ya no será la misma.
– Bueno. Solo le dije eso. Y me respondió:
– Recuerda Alexandro. Nada de lágrimas ni pesares ni lástimas. Aguanta si tienes que aguantar pero no lo pongas triste que ya tiene suficiente.
Jesús da vuelta a la perilla vieja y trata de empujar y de pronto se ve una lucecita que se crece cuando se abre la puerta y vi algo. Era su cabecita de cabellos de oro oscuro. Sus ojitos parecían de mentiras tan negros como la noche y tenían una lucecita encima. Su naricita tan bonita y pequeñita y su cabellito toco cortico.
Cerró bien un ojito para poder mirar bien de seguro estaba dormido.
Cuando vio a Jesús Armando abrió los ojotes tan negros y tan grandotes y se le tiró a abrazarlo. El lo alzó y le dio vueltas y lo mordía en su hombro tan pequeñito y le babeo su camisita roja de pijama. Estaba en bóxer. Estaba delgadito pero no tanto y lo enlazó con sus piernitas por la cintura y sonreía con sus ojitos cerrados. Era como uno solo. No dije nada. Solo miraba. Quería verlo cerquita pero no se soltaban.
Entré y me senté en su camita. Jesús encendió una lamparita que estaba en su mesita de noche. Una camita viejita pero estaba buena y tenía sus cobijas limpias y encima había un enorme conejito de peluche con una plaquita que decía:
JOSE-ADRIAN en letricas doradas y una banderita creo que era de España o de Méjico.
El cuarto de Fabián olía diferente a esa casa. Olía a algo que conocía yo. Olía a mi. Olía a mis cosas. Voltee y mire sobre su mesita de noche una virgencita de esas que se ilumina por dentro. Una foto de Cristo con sus manos dando bendición. Un pocillo mugs parecido al mío y un frasquito de loción isei miyaki que es de la que yo tengo.
Por eso olía a mi ese sitio y también por eso no me dejo echar mi loción en casa. Me echo de la suya y entiendo porque.
Vi unos carritos como los que yo tengo de hot wheels. En la pared un afiche de un helicóptero apache y unas gorritas colgadas de los equipos de fútbol de Colombia.
En una mesita más lejana había más cosas. Me pare con disimulo y me fui a ver.
Jesús puso a Fabián encima de la cama y le acarició la cabeza y le preguntaba cosas pero en voz baja.
Llegué a la mesa y vi una chocolatina de jumbo de maní ya empezada y un cuadernito con una plana de las letras. Vi su lapicito con buena punta y un esfero y más allá vi una cajita pero no se que era y la cogí para mirar.
Era verde y pequeña y tenía una mujer desnuda pintada y acostada.
SANAMEDUO. Así decía y se que es eso. Miré dentro y había dos condones…
La puse encima y los miré. No dije nada
A un lado un tarro de vaselina y unos colores sin punta unos y otros con punta.
Y una cartilla llamada Nacho Lee que es para aprender a escribir, unos palillos y un platico con unos huesitos de pollo y una servilletas y una lata de Colombiana volteada seguramente vacía ya.
Un álbum de fotos y abrí y miré.
Ahí estaba Fabián y otro niño abrazados. En otra foto estaba Jesús Armando y yo y el perrito Raiven a mi lado…
Los miré de nuevo y Jesús me llamó con la mirada.
– Faby. El es Alexandro.
El nené me dio la manita. Blanquita y tan suavecita y las uñitas bien limpiecitas y le miré su manito ahí esperando la mía. Levanté los ojos y sentí un corrientazo muy fuerte.
Creo que me puse pálido y no se porqué.
– Hola. Solo me dijo así y me meneo su manita con la mía. Su vocecita era como ronquita pero dulce y suavecita.
Se tiró de la cama al piso y tomo su álbum y me mostró mi foto.
Nos sentamos los dos en la cama y pasaba las páginas diciéndome quienes eran los otros niños de las fotos. Uno y luego el otro así como otros veinte niños como el de grandes. Todos bien vestidos y se veían alegres en una finca o un parque. con una piscina unas estaban desnudos y gritando y saltando entre el agua…
Solamente se veían niños muy lindos… nada más que niños muy lindos jugando y riendo y desnudos en una piscina…

El se reía y me mostraba solo repetía nombres señalando su álbum.
Miré la otra pared y había colgado un uniforme de artes marciales negro. Casi seguro estoy que era de Jesús. A un lado estaba un armario de esos de fibra que tienen un solo tubo y una cortina blanquita que tapaba su ropita.
Miré algo que se movió en el piso en un rincón casi detrás de la puerta. me asusté y pensé que era una rata y me subí a la cama. le he ensuciado sus sábanas pero el no dice nada solo se sonrió. Que estúpido fui. El se acerco a una cajita de cartón y yo me hice detrás de Jesús porque creí que el cogería ese animal y me lo echaría estaba como paralizado y solo me mordí los dedos y me temblaba todo. Fabián se agacho en la cajita y dijo ven y mira.
yo todo asustado estiré el cuello y pude ver algo negro muy negro que se movió pero no sabía que era.
Me acerqué despacio y al fin pude ver era una mancha muy negra y algo amarillo.
De pronto vi unas pepitas muy brillantes que salían de la bola negra que había entre la cajita de cartón.
Y vi clarito que era. Era un perrito de eso labradores muy muy negro y bostezó y abría y cerraba los ojitos. Y mire más confiado y de pronto la manchita amarilla se vio que era un pollito muy pequeño y bonito y que se quería meter entre los pelitos de su caluroso papá perrito.
Me dio mucha alegría y lo acaricie y el me chupo un dedo como si fuera biberón.
Fabián me abrazó y no me di cuenta a que horas y entre los dos acariciábamos a su perrito.
– Sabes como se llama?
– No se.
– Se llama Duende. Me lo regaló Jesús.
Yo miré a este señorito Jesús y le hice ojos porque duende se llamaba mi perrito Raiven antes que le cambiara el nombre por una película que vi un día. Duende también se llamaba mi canario cantor que Raiven se comió un día hace poquito. Me dio entre tristeza y alegría ese nombre duende. Pero el me hizo sentir bien no se porque…
sentí su respiración como dificultosa y empezó a toser durísimo. Se cogía el pecho y me asusté porque se puso muy rojo y la tos no se le quitaba.
Jesús le sobaba el pecho y le sopló la carita y al fin dejo de toser y muy cansado se sentó en la cama y escupió en el piso porque ya no aguantaba más la tos y no alcanzo a ir al bañito pequeño que había en otro rincón de su cuarto. Jesús cogió un poco de papel higiénico y limpió el piso sin asco y le puso su mano en la rodillita del nené para que se tranquilizara. Estaba con lágrimas en sus ojitos por el esfuerzo de la tos.
El cogió al niño y se lo puso en sus rodillas y lo puso contra su pecho y le acariciaba el pecho por debajo de su camisita de pijama para aliviarlo.
Me fui a la mesita y seguí mirando. Había un cartón de citas de un Hospital que era Simón Bolívar. Hay decía nombre del paciente y en el frente era Josué …… y su apellido que no diré.
El nene no se llamaba Fabián sino Josué!!!
Decía edad 10 años y la dirección. Creo que era esa donde estaba él viviendo en ese cuarto de ese hotel.
Frente a la mesa de sus cositas había un dibujo de una fotico de el que estaba pegada en la parte de abajo del dibujo a mano y lápiz.
Decía abajo en unas letras grandes y bonitas su nombre en mayúscula: JOSUE. y un corazón y con letras más pequeñas debajo del dibujo un nombre que me causó casi lo mismo que el de Duende.
Ese nombre lo recordé por que lo ví en el foro un día que puse un post de uno que se enloqueció por que lo echaron y ahora vi esas letras ahì en su dibujo.
Decía JOSUE el corazoncito y a un lado decía JOSHUA. Miré a Jesús y le señalé el dibujo y me dijo
– es él.
– porque le dices Fabián?
– A el no le gusta decir su nombre.
Y le señalé donde decía Joshua y me dijo
– Como es Josué sus mejores amigos le dicen Joshua.
Me fui a ver como seguía de su tos. Ya estaba tranquilo pero respiraba duro.
Lo puso encima de la cama y le puso su cobijita sucia de mis zapatos encima para cubrirlo.
Me llevó a la mesita y dentro de un libro sacó una hoja blanca y rosada.
Decía algo así como laboratorio Clínico de no se que.
Y me dijo lee esto y recuérdalo para siempre. no lo olvidarás jamás. Léelo las veces que necesite y no lo olvides jamás.
Me dio la hoja y cogió un frasco y una cuchara y se fue donde Josué? Joshua? Fabián?. En fin se fue donde el nené a la cama.
Yo leí pero no entendí bien y entonces copie lo que decía en un papelito que le arranque a su cuadernito de la última hoja.
Decía unas letra enredadas y Josué ….
abajo en letra de computador esto que con el lápiz apunté.
Con el lápiz bien afilado apunte y decía asi:

DX. POSITIVO PARA ANTICUERPOS ANTIHIV.

y en la parte de abajo decía algo así no apunte bien porque el nene se paró de su cama y me miro con las manitas en su pecho y su rostro todo cambiado por como el dolor de la tos. Decía algo así: observaciones y
decía: Serología reactiva un signo raro y después – Cero diluciones

No entendí mucho. Pero luego el me lo explicó en el apartamento. Creo que quise cerrar ese día mis ojos y no despertarme jamás nunca. Pero eso lo contaré después si acaso tienen interés por saber esta historia que parece sin fin, sin final y tan mortal.

Tercera parte

Melancolía …La Saga…

Jesús le sirvió una cucharada de ese jarabe seguro para la tos.
Se tomó calladito su remedio. Sentadito en la cama. Le pego yo un puño a la maldita mesa y el tarrito de los lápices se voltea.
Se vino hacia mi dejando el niño recostado en sus almohaditas y un cojín de peluche grande.
Porque estaba tan solito? No tenía miedo. No tenía nada de miedo este pequeñito.
– Está muy enfermito. Alex, al niño lo contagiaron de dos enfermedades casi mortales.
– Quien lo contagio?
– No se sabe pequeño. Y ya no importa. No te alteres por favor… Quizá le quedé poco tiempo de vida. Ayúdame a hacerlo feliz unas horas si?
Me abrazó contra su cuerpo y yo no dejaba de llorar y llorar.
– Cálmate o el se pondrá mal mi niño.
Jesús se fue donde Fabián. Este nombre es mas lindo y así mejor le diré.
Le tocaba su carita y el sonreía. No se que sentí Diosito!!!!!
No aguanté más. Corrí donde Jesús y lo abracé muy duro y me puse a llorar y llorar y llorar y llorar.
Porqué. Porqué. Eso solo decía y no podía dejar de llorar y no se que me paso que le empecé a pegar puños y el me cogió los brazos y me decía cálmate pero yo no podía calmarme y me sentí desmayar y me abrazo para no dejarme caer que ya no tenía ni una sola fuerza en el cuerpo.
Han sentido ganas de morirse?. Ese día si supe que era querer morirse. Me acosté en su camita y abracé su conejito y me acarició la cabeza con su manita tan bonita.
Me dio un beso en mi mejilla toda mojada y no podía más y grité muy duro y metí la cara entre la almohada y gritaba y gritaba.
Ninguno hizo nada solo me miraron ahí cogidos de la mano.
No lloraron porque ellos ya habían creado un mar de lágrimas en sus vidas.
Fabián se paró y trajo una grabadora pequeñita de pilas, me dio más pesar aún. Yo tengo un Disk-man de marca y el solo tenía una grabadora tan pequeñita y este cumpleaños me dieron otro. En este momento siento aún más tristeza. Puso un casette dentro y me la colocó en la almohada.

Pensar que el tiempo pasó,
Y que ya nunca volvió
Dejó que el cielo se hiciera gris.
Por dentro el se murió como se muere una flor
Y con la espera llegó la edad
Y así murió
Con ilusiones marco su destino pero no quiso escapar,
Nunca se supo por quien lloraba el nunca quiso hablar.
Hoy se preguntan con gran tristeza quien le arrancó el corazón
Quien se ha llevado con su partida todo el valor de amar…
Desde que solo quedo se le olvido sonreír y ahí en silencio esperó. esperó
Y allí murió
Con ilusiones marcó su destino pero no quiso escapar…

Y después Talismán. Me pareció que me moría y ahora a mi me faltaba la respiración.

Por eso es que pongo cada rato aquí esos discos.
Estoy llorando porque cuando recuerdo esto me parte el alma y me duele el pecho y siento un ahogo en mi garganta que no puedo hacer nada nada!!!

Ahí duré no se cuanto rato pero fue mucho. No quería mirarlo. Quise que todo fuera una maldita pesadilla y que me durmiera para despertarme tranquilo.
Pero no. Cuando levanté la cabeza ahí estaba Fabián con un carrito en su mano… me lo dio y no dejaba de mirarme a los ojos fijo y seguro de si mismo. Y Tan pequeñito y tan indefenso…
Le recibí su carrito y se me acostó al lado y me montó una piernita en mi cola y junto su cabecita a la mía.
Jesús se fue a la mesa y decía groserías. Pobrecito no podía hacer nada tampoco como yo.
Nos miró y se vino a la cama y se acostó. Casi no cabemos los tres.
Puso sus brazos extendidos y ambos Fabián y yo nos recostamos en sus brazos. Y nos puso sus manos grandes en el pecho y nos sobaba con cariño.
Nos tapamos bien con las cobijas y ahí nos quedamos hasta que nos dormimos. En una conversación de palabras silenciosas que no se necesitaron nada para sentir que estábamos en ese momento subiendo al cielo los tres.
Eran como las 6 de la mañana y nos quedamos dormidos. Profundos no se a que horas nos metimos en un sueño de hipnosis que era como si voláramos sobre una nube…

El frío ya no existía. Ni la pena ni el pesar. El llanto no existía…
Todo fue sueño y descanso. Amor y felicidad en esos minutos que no se pudieron contar.

A las 12 del día suena las campanas de una iglesia y nos despertamos.
Fabián me tiene abrazado y se despereza. Me pone sus manitas cerradas en la cara y me empuja como que quiere jugar.
Le mordí sus deditos y le da risa. Juega con mis cabellos
– que bonitos y está suavecito y huele bueno.
De pronto otra vez la tos. Otra vez lo mismo. pero esta vez yo le ayudaré!
Y le sobo su pechito y le sople su carita y se puso muy rojo y de toser tan duro me echa saliva en la cara pero no me importa!!
No puedo calmarlo y me mando donde Jesús a llorar otra vez y le digo ayúdalo ayúdalo!!!
Le pegué otra vez puños y me tiré al suelo a llorar y no puedo dejar de hacerlo.
– Cálmate. Me dijo duro como enojado. –Ayúdame que ahora no hay tiempo de lamentarse. Tráeme por favor el frasquito que tiene una marca verde.
Es un respirador que se ponen los viejitos para el asma.
Cuando se calma un poquito se lo pone y le da un pistolazo a la botellita y suena dentro de la boquita de Fabián.
Otra vez queda sin fuerzas.
Necesita escupir. Le echo su bracito en mi hombro y lo ayudo hasta el baño pero no se aguanta y escupe en el suelo otra vez. Lo dejé en el baño para que escupiera y se enjuaga su boca. Yo limpio el piso de sus babas. No me importa ya nada. Ni su decencia ni nada!
Ya no tosió más.
Se para y enciende la luz del techo. Va hasta la mesa allí está Jesús leyendo unas hojas como del Hospital también. El nené lo abraza y le chupa una oreja y a él le da risa. Y lo empuja. Espera le dijo.
Fabián se vino hacia mi no deja de mirarme. Es algo como delicado de sus modales y se mueve como si bailara siempre. Es muy graciosito. Se pone un buzo que tiene capota y se cubre la cabeza. Le da risa. Me mira con tanta ternura y me dan ganas de abrazarlo y si lo abrazo. muy duro como cuando abrazo a Jesús Armando que quisiera como atravesar su cuerpo y volverse uno solo…
Gime ahogado y mejor lo suelto no sea que le coja la bendita tos otra vez.
Saca de entre su mesita de noche una cajita de madera y me dice
-sabes jugar ajedrez?
Se me iluminan los ojos en medio de esa desesperanza y desesperación tan intensa.
– Si! Y me quité los zapatos y nos pusimos a brincar los dos en la cama y esta bendita cama se cae y nos fuimos al piso.
– Jajá jajá.
Solo carcajadas y Jesús
– Niños por favor que dirán a fuera que yo soy un monstruo en la cama!
– jajá jajá
otra vez las carcajadas pero nos tapamos la boca con las manos.
Nos vamos ala mesa de los lápices a jugar ajedrez y mientras Jesús sepone a armar la cama. Ahora suena otro disco que me gusta mucho.

Un sonido de música va subiendo volumen. Es un celular. Me hace señas que se lo de dentro de su mesita de noche. Fabián mira el celular. Tiene celular tan pequeñito y tiene celular.
Lee y mira a Jesús. Tengo que irme. Van a pasar por mi.
Corre al baño y se echa agua en la carita.
Ahora parece que no existiéramos. Va de un lado al otro dentro de su cuarto. Saca de una cajita unos tenis finos!
Se echa gel en la cabecita, se perfuma y eso que no se ha bañado!
Se unta un desodorante de gel también .
Se quita sus bóxer y se pone unos calzoncillos limpios y de muñequitos y por la carrera casi se cae.
Se pone sus jeans que le quedan apretaditos y una camisita muy bonita azul clarita.
Mira su billetera. La esculca y saca una fotito pequeña. Me la da.
– guárdala y después me das una de tu billetera. Me dice a la carrera.
Se guarda los dos condones en su bolsillo de atrás. Le digo a Jesús Armando si no va a detenerlo. Pero el sube los hombros y se sienta en la cama.
– no! Párate que tengo que irme.
Nos echó!
Pero es su cuarto. Jesús le da un billete de 20.000 pesos ( como 10 dólares). Lo recibe y lo hecha en su tarrito de los lápices. Le da un besito a su peluche de conejo y nos saca casi a empujones. Pone un candado en su puerta verde y sale corriendo a la ventana a mirar al primer piso a la calle.
– Ya llegó. Adiós.
Le da un beso a Jesús en la boca. Así como los míos, ja!
Se me viene y me da a mi uno en la mejilla. La señora Martha le abre la reja y sale disparado bajando los escalones agarrado de la pared.
Me voy fuera de Bogotá con el doctor Javier!!!
Gritó y se subió a un carro muy lujoso. Se fue y nos dejó ahí tirados.
Jesús se asoma a la ventana. Estará bien.
– no le ayudarás? Le digo con rabia.
– Siempre lo hago. Pero el ya no quiere hacer nada, ya no puede hacer nada. Ya le dijeron que tiene poco de vida y es solo cuestión de meses y solo quiere pasarla bien.
No te preocupes. Estará bien.
– Doña Marthica como estamos con el arriendo del peque?
– Bien don Jesús. El Doctor ese me pago dos meses adelantados hace 15 días.
No te preocupes hijito el estará bien.
Me dice la señora acariciandome la cara.
No me despido. Abrí yo mismo la reja y me baje con las manos en los bolsillos. Esperé a Jesús en la reja con la cara pegada a esas frías varillas. El trae los maletines ya se me habían olvidado.
Me lo ayuda a poner.
Salimos caminando en silencio. El disco retumba en mi mente y la imaginación mía empieza a trabajar. No se si odiar o que!
No digo nada. Ni en el taxi de regreso al apartamento tampoco.
No se que decir.
Miro su fotico…
Creo que de tanto besarla… mi poema de la fotico que me regalaron y se lo puse a Diego para su consuelo. Solo recuerdo eso.
Yo quería quedarme con Fabián todo el día pero el se fue con ese señor.
Saqué mi papelito que apunté lo que tenía la hoja médica y le pregunté que quería eso decir.
me miró y sus ojos se aguaron de nuevo.
– Tiene SIDA.
Me quise morir…

Continuará.
Para siempre…