>A Europa, en su Cielo …
Las entrañas de la tierra tiemblan.

En otras ocasiones,
tristes,
de horas memorables;
solían sonrientes
invocar sus dioses,
en eternas veladas
de horas blancas,
viciosos sus festejos colmaban.

En las más extrañas fiestas,
alegres,
por sombrías,
llenas de horas voraces,
su piel se ensancha,
el noble corazón grita:
duerme!
Tendido,
él, el escultor de la tristeza,
escudriña el vientre de la maldad,
escribe la historia
con las nubes en su cielo.
El césped invisible,
le es su lecho,
cubierto de un rocío fresco,
descansa eterno,
brilla su luz perpetua…
El mundo ya no existe.

El firmamento llora,
luces de colores
extrañas lo adornan;
se ven los ruidos,
los sonidos se hacen visibles,
se escuchan los olores,
el pulso errante aumenta,
el caudal de la sangre hierve
la tormenta interna cruje,
la visión crece inconmensurable,
el pulso se hacer firme,
el vientre sosegado
espera la orden de expandirse,
la piel se humedece,
los defectos desaparecen,
un aroma imperceptible le rodea,
su aura fulgurante, levita…

Se eleva por su reino.
Gira tiernamente en su eje;
se encumbra mansamente
y sus manos caprichosas
buscan con las puntas de los dedos
como tentáculos desesperados:
la verdad…
Y la pregunta no resuelta:
– donde está la raza inteligente?

Cierra los ojos,
no la encuentra…
Vuela,
ahora gobierna sus sentidos,
gobierna la mente de quienes apetece
y le pertenecen…
Ahora, su cielo se hace iris,
rodea su pecho con los brazos,
se cubre de tristeza,
el llanto escapa
y su rostro se levanta rebelde,
las lágrimas cristalinas fluyen
se torna melancólica su oda,
veloz, raudo,
inalcanzable:
vuela…

Asperos ya por el destino frío,
sus ojos cansados se abren,
de nuevo a la vida,
los sueños se acabaron,
la verdad no fue hallada,
la lucha continuará,
no hay respuesta,
los dioses y los demonios
callaron nuevamente.
A la ventana de la vida,
rara vez, ve pasar la alegría,
la hipocresía de los corazones,
se apoderada,
el aura de caminantes es oscura,
siempre lo ha sido,
han sabido cubrirla de
dulces gladiolos,
pero el escultor de la tristeza,
guarda la esperanza de encontrar respuesta;
se mira en el espejo de su alma,
su cruz a cuestas pesa más cada mañana…

Y los inocentes, pasan,
se ríen, juegan,
resplandecen…
Desconocen su destino.
Llega el tiempo de crecer y mueren,
el deseo pervertido por los ángeles caídos,
sus auras puras se tornan oscuras,
nuevamente su cielo no les pertenece,
cambian por la vanidad, el orgullo,
la avaricia, las apariencias, la lujuria,

cambian el alma buena
por las penas de los mortales.
Y en su firmamento,
los dragones buenos
se hacen inmortales,
se baten con los depredadores,
la guerra no será eterna,
el hombre, inteligente y astuto
traspasará las fronteras de la maldad,
llorarán las criaturas
y morirán aún antes de respirar
el aire impuro de la tierra…

Frenesí de los sentidos,
la perversión un derecho se vuelve,
en la patria los vicios nocturnos,
de los niños servidos
en los menús de la indiferencia,
de las estrellas de la redonda,
de la paella,
de los vacunos sacrificados en ferias,
en los campos y ciudades
de la conquistadora de antes,
habrá luces,
y no precisamente de fiestas.
Y en su Isla mediterránea,
casa y habitáculo
del paquidermo rioplatense,
una explosión interna
de la madre de la tierra
surcará los aires,
vomitará flamas…
Un Fénix que nace,
el fuego le rodea,
su lava incandescente,
flama tan antigua como vengativa,
tomará lo que fue suyo,
vendrá por las almas de los astutos,
y de sus gargantas suplicantes
gritos de hipocresía,
y, ya será tarde…
El holocausto del pasado
será cobrado,
las pequeñas víctimas,
desconsoladas…
No de dolor, no,
inconsolables,
porque el castigo de sus verdugos
es muy parco.
Entonces,
ríos de vital fluido
correrá por las calles;
donde antes había euforia,
habrá desolación y tristeza…
Donde antes reinaba el vicio,
la prostitución,
el racismo,
la pederastia y la nefasta pedofilia,
solo soplará un vientecillo lúgubre…
Es paño de lágrimas…
Su estandarte no será ya amarillo,
de él habrá desaparecido su adarga
que antes brillaba ejemplarizante,
la madre patria muere,
y no habrá quien cuente su pasado…
Los cadáveres no parlan…

A veces me he preguntado, porque Nostradamus decidió escribir sus versos.
A veces he encontrado la respuesta en los ojos de los inocentes que penan en esta época, me pregunto, si fueran los mismos que penaron en su presencia y pregonaron por justicia, que dirían.