>Porqué debemos amar y proteger nuestros hijos…
De las propiedades Neuronales Primarias y su deterioro provocado

Sin amor sincero, será imposible evolucionar…

Y es que, a que más hemos venido al mundo?
Si, y auque las religiones quieran negarlo
siempre el hombre se ha preguntado
de donde viene, para donde va
y si tiene algún motivo el regreso…
Y a donde es ese regreso,
si a la madre tierra, ya el cielo
y en los mejores casos el infierno,
el cual fácilmente es degustable
aquí en esta lamentosa tierra.

Miles de años han pasado en vano…
Las guerras siempre han sido con el perro
los mejores amigos del humano…
De la mano del progreso la prostitución,
la esclavitud y las religiones por supuesto!
El hambre, los desplazamientos, la sed,
la política, los reinos, las comarcas,
los grandes imperios, el arte…
Y todo para que? Que motivo tiene,
que es lo que nos impulsa por dentro
a ser mejores, es decir a sobrevivir
por encima de los demás, de pronto a veces
acordándonos que tenemos semejantes…

He aprehendido muchos libros, películas, documentales,
he leído miles de veces los diarios, las revistas,
noticiarios de televisión y radio…
La guerra es la constante a través de los tiempos,
el hombre está diseñado para eso.
Pero, es un problema neuronal congénito?
Acaso se adquiere con los años y las adversidades?
Quien puede responder con franqueza, si este mundo globalizado
solo piensa en lucrarse a costas de los más indefensos…
Toda la humanidad ha desembocado siempre en las guerras,
pareciera que es el siguiente paso en nuestra evolución,
ser guerrerista y conflictivo es algo que se necesita para sobrevivir.
Muchos pueblos viven en “santa paz” dicen,
pero a que precio? Al precio de ceder privilegios
a los más adinerados. Ejemplo claro de Holanda y Alemania…
Por no nombrar los demás estados, donde sin demasiados análisis,
se puede observar que son sociedades ejemplares
para los más degenerados e imperfectos seres humanos.
La permisividad es el aliciente de sus vidas.
Ser libre para ellos es vivir y dejar vivir.
Un pequeño ejemplo? Las imágenes no mienten.
En una “fiesterita” como llaman ellos, reunidos en bacanal
de licores y vicios secos permitidos, refiérome a cocaína,
éxtasis y otros químicos permitidos en dosis “inofensivas”,
a media noche como en ceremonia propia del emperador Calígula,
se desnudan ciertos hombres y mujeres
de los más pudientes y adinerados de sus sociedades…
Es un sitio más bien normal, mesas redondas y mullidos sofás,
poltronas muy cómodas, una tarima pequeña donde canta una mujer
no demasiadamente ataviada, pero decente, es decir una artista
del medio de la farándula, un personaje importante.
Cuando tocan las doce, como salido de un paraíso de flores artificiales,
se ve caminar envuelto en un velo gris una figura humana
de menos de metro y medio de estatura…
Todos palpitan como emocionados! Está subiendo la calentura,
algunos de los desnudos empiezan a excitarse y se hace evidente sus
atributos sexuales… Pero, detrás de ese velo… Incertidumbre…
Se anuncia en el escenario por parte de un hombre bajito y calvo
la presencia del enigmático, cuerpo rosado, piel suave se ve
por entre lo que el velo deja observar. Las pupilas de los presentes
se agudizan en la penumbra, la ansiedad crece.
El velo se descorre, los aplausos no se hacen esperar entonces,
para los visitantes incrédulos y más bien asustadizos,
toda esta novedad es como un mal hechizo,
sobre todo para quienes tenemos hijos adolescentes.
De entre ese velo, que hoy después de años me sigue siendo inmundo,
se deja ver el cuerpo esbelto y atlético de un niño,
se que no tiene más de trece años, pero allí eso es permitido!
Yo, por instinto natural quise como salir a buscar a alguien para denunciarlos,
a las autoridades, no se, a alguien, pero en país ajeno, a quien se le pone la queja?
El guía en medio de su español balurdo, sonríe como satisfecho,
como si acaso nosotros, tripulantes de un crucero Latino
hubiéramos ido en busca de esos bacanales…
Las puertas se cierran herméticamente y todo se consuma,
el corazón a uno le late como si se fuera a salir, se siente uno culpable de algo!
Pero que se hace? Las mujeres como si no fueran madres.
y a juro que lo son porque no son precisamente modelos de pasarela,
con cuerpos de amas de casa, solo observan
y algunas ni se han dado cuenta del insuceso del adolescente,
o ya la veteranía de esos espectáculos no les atrae.
Tres hombres que hacen fila, corpulentos, habría podido jurar
que eran colegas nuestros, marineros de la guerra.
con tatuajes y tampoco eran alemanes,
parecían Franceses o italianos, pero no de habla Hispana.
Sonreían nerviosos y se frotaban las manos.
Abrieron espacio en el centro del burdel ese, pusieron una pequeña silla en la cual el pequeño niño puso sus manos, y en medio de los aplausos cada uno de los tres hombres satisfizo su maldita pederastia
en la humanidad del niño, al que le sujetaban las manos dos mujeres
también desnudas como ellos. Fue vergonzoso, quise interponerme para evitarlo pero los guardias de seguridad, casi una docena de mastodontes de casi dos metros
al menor movimiento sospechoso de los que como nosotros no habíamos
pagado para participar del bacanal infantil, se cruzaban de brazos al lado de uno
y ante eso, nada se puede hacer, quise retirarme a los baños, no se…
A rabiar, quería romperlo todo, salir corriendo. Mi compañero solamente se mordía los labios y me decía: – que pecado, es apenas un niño…
El guía, que conducía cerca de quince Marineros que participábamos
en una operación conjunta de fuerzas navales reía burlonamente…
Eso no es nada dijo en su media lengua hispana.
Le dije que quería salirme de allí, no quería estar más
al lado de tantos demonios juntos… En ese infierno.
Todavía era yo creyente en los dioses. Solo bajé la cabeza en medio de los gritos aplausos y carcajadas, ni siquiera se percibían los gritos del pequeño…
Todo por dinero. Trate de irme hacia atrás a buscar una mesa, pero era tanta la gente
que preferí recostarme en una columna y me dejé caer llorando tristemente.
Mi compañero colombiano se quitó sus lentes y se sentó a mi lado.
Como resultamos metidos en esto? El tipo guía dijo que sería
un espectáculo inolvidable y uno cree que se trata de mujeres haciendo
strip tease, quizá animales no se, pero niños?
Así me quedé casi dos horas, que fue lo que duró el espectáculo horrendo ese.
No tome licor, nada, solo me abracé las rodillas y empapé mis mangas
de lágrimas… Carlos Mario tendría entonces apenas diez años…
Que le esperaría en un mundo de este calibre?
No me lo podía quitar de la cabeza, no pude nunca hacerlo.

Cuando terminó la faena de esos desventurados pederastas y su víctima,
le pusieron de nuevo su velo, se fue con las manos repletas de dinero.
Sonreía! Dios mío! me dije y a que precio se puede sonreír de esa manera?
Los hombres le tocaban la cabeza y las nalgas como animándolo,
se fue caminando por donde entró, se escucho de pronto un estruendo y todos entraron en un trance de música y vicio. Me salí de allí halando del brazo
a Eduardo Balanta. Mi compañero… Nos abrazamos.
El me decía tranquilo, así son estos manes.
Así no eran, así no. Le pregunté si eso le gustaría para los niños de Colombia.
Me contestó medio rabioso que yo sabía que tenía una niña y un niño pequeños…
Si, yo entendía. Le dije que nunca más habláramos del tema…
Así lo hicimos, todo quedó en el olvido supuesto…
Quizá el olvidó, pero yo, nunca pude hacerlo.
Quise escribir algo de eso, pero temí que alguien
encontrara los apuntes y tergiversara lo que escribiera allí.
Nunca me animé a hacerlo mientras estuve de servicio.
Pero el destino le marca a uno sus caminos, ahora lo se…
Y por más que uno quiera evadirlo, siempre terminará de cabeza
haciendo lo que le toca en la vida.
Al volver al país, estaba tan afectado que cuando quise abrazar a Carlos Mario a mi llegada, lloré inconsolable y maldecía,
y él solo me repetía en el oído – papito, papito…
Y maldije el día que acepte viajar a Alemania y Holanda,
curiosamente a prepararme en el área de las armas,
sin saber el bien o el mal que me haría mi correría
en esas tierras malignas y extrañas.
Pasaron los años, creo que me resigné a que sucedió y nada habría que hacer.
Carlos Mario creció. Es un profesional eminente, joven y responsable.
Eso no se lo agradezco a dios,
a la madre que casi sin mi ayuda lo pudo sacar adelante,
porque yo, en mis viajes, permanecía más en el agua que en la tierra,
atravesando el Atlántico, Panamá y buscando tierras extranjeras orientales,
aprendiendo de la guerra y a la vez enseñando a otros, sobre como destruir a sus semejantes.

Que caro me lo cobra la vida ahora.
Después de retirarme, creí que olvidaría…
Me fui a Medellín, en plena guerra de carteles y de mafias,
mis servicios se volvieron imprescindibles para algunos.
Privaticé mi vida. Hice de mi teléfono la oficina de mis servicios.
Conocí en medio de esos adinerados malevos, los más extraños deseos sexuales
que tengan por cualquier cosa que haya sido bendecida con la vida…
Es impresionante lo que la mente del ser humano puede crear para satisfacerse.
Dejé a mi familia en su vida, sin descuidar sus necesidades.
Pero no volví a verlos, era demasiado peligroso, había que guardarse
si quería uno seguir viviendo. Viví en los mejores lugares,
cenaba en los más finos restaurantes, vehículos lujosos,
grandes mansiones, hoteles de cinco estrellas y dinero a raudales,
casi no dormía, demasiados enemigos y peor aún, desconocidos.

Pero como así es el destino, no es eterna la dicha falsa
que vivió la pobre Colombia de los años 90.
Cuando conocí, por casualidad la vida de los pequeños “niños de las maquinitas” en Medellín no iba a ser gratuito que mi pasantía por la violenta capital de la montaña se convirtiera en un calvario, con una cruz a cuestas, que nadie es capaz de llevar por mucho tiempo.
“Los niños de las maquinitas”, son los seres que la vida cotidiana de la Medellín oculta
(y otras ciudades por supuesto).
Esa realidad me llevaría más de diez mil páginas escritas, de seguro años…
Todos saben que aún dormitan en sus calles repletas de gentes, la realidad de la prostitución de niños, los pederastas que se paran en las esquinas a admirar sus trofeos sexuales, los niños que infinitamente en cadenas familiares vienen al parque, para quedarse para siempre… Todos lo saben y nadie hace nada… Que triste… Que triste..
El destino me marcó de una forma extraña; a veces pienso que al fin pude olvidarme de todas esas realidades. Siempre me digo, que debo permanecer alejado de mi familia, es evidente…
Tuve que dejarlos. Mi sobrevivencia se volvió del día a día…
En las mismas calles que estos pequeñitos trataban de sobrevivir, preguntándose porque dios les dio ese destino…
Yo ya no pregunto a nadie. Hago lo que tengo que hacer y sobrevivo…
Sobre los niños de las maquinitas tengo infinitos escritos que no terminaría ni aún reencarnándome en el más diestro maestro de la escritura. Tengo que organizar las notas, no sacaré un libro, para que? A quien podría interesar que los niños se mueran de sida, de hambre y solitarios tirados en las calles frías? A quien?

Estos escritos los hago, con el fin de que alguien, algún día pueda encontrarlos en algún lado y de ellos aprenda. Si puede, que los publique, pero que no le traigan contratiempos. No vale la pena meterse en líos por algo tan ajeno y doloroso, si siempre terminará en el olvido. Vivimos como en una inquisición democrática y deliciosa gobernada por la iglesia, todavía…
Naturaleza, sabia poderosa y vengativa, dame fuerzas, no me hagas esperar hasta el fin para ver como castigas a quienes traicionaron la inocencia de sus hijitos dejándolos a la deriva y por supuesto a quienes se aprovechan de sus debilidades y necesidades para abusarlos sexualmente dañándoles por completo su pequeña existencia.
No permitas, naturaleza divina que se salgan con la suya. Dales lo que se merecen…
Amén