>A Joan Montané, y a Abaddon, amigos inmejorables que en su esfuerzo viven…
El Ave Fenix que levanta presuroso sus alas, ambos luchando por sobrevivirle a los recuerdos porque saben que no pueden perder el tiempo, en su camino, encuentren la tranquilidad perdida en la infancia…

Los adoro, por ser como son, y se parecen tanto, que me consuela tener cerca a Abaddon, porque Joan está muy lejos, pero vive en mi presente…

Y El Ave Fenix. dijo:

Jurame que no lo harás…
En sus ojos se adivinaba un nuevo terror.

A su incierto porvenir se sumaba la posibilidad de sentirse culpable.
Pero ya estaba dicho, ya la promesa estaba establecida

y el destino empezaba a jugarse sus cartas.
– Júrame tú que tu vida continuará, que cumplirás tu sueño, que cuando te vuelva a ver te encontraré tan grande que mis ojos no podrán alcanzarte ni mis pasos seguirte.

De nuevo una mirada de incertidumbre.
Abrió los labios para pronunciar algo,
pero las palabras fueron presas una vez más del elocuente silencio.
Sólo atiné a cerrar los ojos.

Junte mi frente con la suya mientras le acariciaba la cabeza.
– Este es mi regalo de cumpleaños, la posibilidad de que sigas tu vida.

Entre los dos de nuevo reinó el silencio.
Ahora veo que vale la pena.

Y Al Fenix le contesté humilde:

Clarouscuro…

Se adivinar en ti el futuro…
La ternura que expresas escondida
tras las rejas
de tu desvencijada encrucijada
me dice
que la vida está ganada…

Decir algo más sobra…
Has escrito una novela entera
en minúsculos renglones…

Prodigiosa manera de pronunciarme tu nombre…
Libertad…
Efímera postrera esclavitud
libera tu alma buena,
Fenix, el ave nueva que vuela.