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Bajo estas reflexiones de un reconocido editorialista y columnista, que más, que verguenza humana nos queda. otro que se suma a la lista de defensores de la pedofilia, o preferiblemente decir, otro que se salió del closet?

Los boylovers andan felices con sus viejas “afirmaciones”, que sin sentido humano y más con el ojo de un “buen pederasta”, crea la idea falsa de que es mejor que los niños sean violados a que se les solucione los problemas de hambre, Lo que este individuo no reconoce es que, miles de niños, son sometidos sin estar muertos de hambre como lo plantea, mediocridad o salida del closet temprana? habrá que seguir vigilantes ante este enorme y macabro juego de los quintacolumnistas de los pederastas y pornografos infantiles.

Amen porque la pena de muerte les llegue. A quienes quieran financiar la justicia para estos depredadores sexuales, escríban a nuestras páginas, haremos una “verdadera cruzada entonces si esto sigue pasando”.

Reflexiones inusuales sobre Internet y la pornografía infantil

/11/04. Antonio Caravantes (mailto:antonio)
En los últimos días se han sucedido dos noticias similares, relativas a la detención de personas que manejaban material pedófilo (pornografía infantil) a través de Internet. La operación española parece culminar con 90 detenidos, y se destaca con estupor que 21 de ellos son menores de edad. La otra operación es internacional, con 77 detenidos de los cinco continentes.
Los medios de comunicación han dado muy buena cobertura a estos sucesos. Los comentaristas y tertulianos de radio y televisión no dejan de mostrar su “estupor”. Sin embargo, echo en falta un análisis un poco más profundo del problema.
Comenzaré diciendo que no tengo ninguna simpatía hacia la pedofilia ni hacia el voyeurismo pedófilo (contemplación de imágenes de pornografía infantil). Personalmente me desagradan esos comportamientos, sean a través de Internet o de cualquier otro medio. Pero creo que no deberíamos quedarnos en un rechazo verbal y simplista, como suele ocurrir. Así pues, voy a tratar de profundizar un poco más.
Para empezar, hay que resaltar que Internet es una red mundial a través de la cual se intercambian materiales que en algunos países no son ilegales. Aún más, muchas de esas fotos se han generado en estados donde la legislación vigente no penaliza la utilización de niños para realizar prácticas sexuales o fotografías de actividad sexual. Nuestro primer problema es que vivimos en un mundo globalizado y usamos una Internet sin fronteras, cuando resulta que lo admisible (desde el punto de vista social y legal) es muy distinto en unos y otros lugares del planeta.
Normalmente no queremos afrontar esta contradicción, pero luego manifestamos nuestro “horror” cuando vemos consecuencias como estas redes pedófilas. Pues deberíamos dejar de lamentarnos y comenzar a exigir a nuestros líderes políticos que sean consecuentes: que trabajen para uniformizar la legislación de los diferentes países, o que comiencen a cortar los cables de comunicación (Internet) que nos enlazan a otros países donde se toleran comportamientos que nosotros consideramos inadmisibles. No están haciendo ni lo uno ni lo otro, y todos tan conformes.
Los gobiernos de esos países que son considerados “paraísos sexuales” tienen buenos motivos para la permisividad, pues eso les genera un beneficio económico: los turistas sexuales (procedentes de países occidentales y democráticos) dejarían de ingresarles un buen dinero si se cortase la impunidad. Mientras tanto, los gobiernos de los países occidentales y democráticos (generadores de ese turismo sexual) miran hacia otra parte, diciendo que ese problema no es de su competencia. Tampoco es de su competencia presionar a los embajadores extranjeros ni poner en la ONU delegados que insistan para que esos paraísos sexuales dejen de serlo.
A las buenas gentes que se horrorizan por este tráfico de material pedófilo hay que preguntarles: ¿Ha hecho Vd. algo para evitar que esos niños sean utilizados así? Por ejemplo… ¿Ha votado Vd. a un partido político que había prometido luchar contra este problema internacional? Si Vd. nunca antes había pensado en esto, ya puede irse poniendo las pilas para el futuro: es muy posible que ahora mismo la pedofilia patria y la mundial estén recanalizándose a través de otras personas, puesto que el problema de fondo sigue sin resolver: en el tercer mundo sigue habiendo niños utilizables y aquí sigue habiendo mucha gente dispuesta a utilizarlos, o a contemplar sus fotos.
Por otro lado, no es casual que la mayoría de las fotos provengan del tercer mundo. La carencia de otros recursos económicos muchas veces les obliga a venderse sexualmente para subsistir. Algunos de los niños (o sus padres) permiten las prácticas pedófilas o las sesiones de fotos porque eso les permite conseguir unos dólares con los que subsistir. Es duro decirlo, pero prefiero a un niño prostituido que a un niño muerto de inanición. En este asunto, nuevamente debemos mirar nuestra responsabilidad como ciudadanos de países con una economía holgada. Gastamos millones diarios en caprichos, pero al tercer mundo solo enviamos la ayuda justita para tranquilizar nuestras conciencias, y punto. Ni tenemos una actitud solidaria ni se la exigimos a nuestros líderes políticos. Sabemos que en el tercer mundo mueren miles de niños cada día, pero eso parece preocuparnos menos que la pedofilia.
Lo más grave es que se está confundiendo la legítima defensa de los derechos infantiles con la crítica a una anomalía (perversión) en el comportamiento sexual de nuestros propios conciudadanos. La pornografía puede ser real o ficticia. Si somos capaces de hacer películas de dinosaurios, hemos de reconocer que nos sobra tecnología para generar imágenes de “niños virtuales” que realizan actos sexuales. Desde hace cientos de años se han hecho cosas parecidas, utilizando una imaginación calenturienta y unas pinturas de óleo.
¿Seríamos más tolerantes con nuestro vecino pedófilo si supiéramos que solo contempla a niños virtuales en actos sexuales imaginarios, generados por ordenador? Me temo que no. La mayoría de nosotros seguiríamos negándole el saludo, por ser un pervertido. Toleramos más fácilmente la castidad, que es otra perversión (algo antinatural), pero que siempre ha tenido “buena prensa” y ha llegado a ser una elección “políticamente correcta”. Esta línea argumental lleva a una conclusión: lo que nos preocupa realmente no son los niños, sino la perversión de quien se complace en observarlos desnudos o en actitudes sexuales.
En este análisis no soy capaz de resistirme a comparar la pura pornografía con la violencia. Por Internet también circulan fotos de niños maltratados, y hay gente que las colecciona, las intercambia, las vende o paga por obtenerlas. Son fotos en las que se visualiza a un adulto golpeando a un niño, o a un niño amputado, por ejemplo. Hay muchos conciudadanos nuestros que disfrutan contemplando ese tipo de imágenes. Sin embargo, eso no parece preocupar a nadie. La tenencia o distribución de ese material ni siquiera es considerado como delito por nuestras legislaciones progresistas. No importa: al fin y al cabo, estamos acostumbrados a ver cosas parecidas sin inmutarnos.
Al cabo del año, las televisiones ofrecen docenas de películas donde niños de diferentes edades son maltratados o asesinados. Las toleramos con naturalidad bajo el argumento de que esas imágenes son ficticias y no corresponden a sucesos reales en los que se haya dañado a un niño de verdad. Esa argumentación es falsa, puesto que no seríamos igual de tolerantes si la película mostrase escenas sexuales con niños virtuales (donde no se hubiera utilizado a ningún niño real para actividades de ese tipo). Así se confirma que nos preocupa menos el bienestar de los niños que la mera contemplación de esas imágenes sexuales infantiles.
Sigamos con la violencia, llevada al extremo: estoy a la espera de que algún líder mundial decida hacer una guerra para invadir otro país y así derrocar a unos líderes políticos culpables por su tolerancia hacia los abusos contra la infancia. Hace pocos años, en las Azores, tres iluminados decidieron hacer una guerra contra Irak, por motivos que me parecen menos importantes (y que estaban menos comprobados). ¿A qué espera George Bush para invadir Tailandia y “liberar” a miles de niños esclavizados en la prostitución infantil? ¿A qué espera la ONU para enviar a los cascos azules contra Burundi y Uganda, con el fin de liberar a los niños-soldado de allí? ¿A qué espera Toni Blair para asaltar Guantánamo y rescatar a varios menores secuestrados/encarcelados (sin cargo) por el todopoderoso ejército de los EE.UU.? Será que la violación de los derechos de infantiles no es un motivo suficiente para defenderlos mediante otro acto violento. Los niños nunca han sido algo muy importante por lo que luchar, y menos si son de países lejanos. Por eso me sorprende esta repentina indignación anti-pedófila.
Para terminar, me provoca bastante recelo que se aireen noticias relativas a la detención de presuntos delincuentes que usan Internet. Estoy harto de leer titulares destacados donde se relata la detención de un hacker o un creador de virus, o incluso a personas relacionadas con la pornografía infantil. En la mayoría de los casos, esos acusados suelen acabar con una sentencia absolutoria, o con el sobreseimiento (anulación de los cargos) por parte del juez. Para bien o para mal, ese suele ser el final de quienes son detenidos por sus presuntas actividades ilegales en la red. Pero esa absolución o ese sobreseimiento no suele aparecer como noticia destacada. Como máximo sale en un pequeño recuadro de las páginas interiores de un periódico. Los medios informativos están incumpliendo un compromiso ético al dar más relevancia al primer suceso -la detención, policial-, que al segundo -la inocencia, decretada por el sistema judicial-.
Además, eso puede perjudicar gravemente al detenido, puesto que no se restablece su honorabilidad en la misma medida que se aireó su presunta culpabilidad. Y para colmo, esa mala costumbre periodística también está encubriendo la incompetencia policial. Efectivamente, es incompetencia detener una y otra vez a “presuntos” que luego son sistemáticamente reconocidos como “no culpables”. Salvo los estafadores y otros delincuentes “económicos”, lo normal es que ningún internauta detenido acabe con condena, y se silencia este hecho aunque se haya cacareado a los cuatro vientos su detención como “presunto delincuente” y como “cibernauta”. Todo muy conveniente para tranquilizar nuestras conciencias y transmitir una sensación de que las cosas están bajo control. Nada más lejos de la realidad.
Lo voy a formular como un reto personal: limitándonos a España y exceptuando delitos económicos, por cada noticia que tú me envíes de un delincuente relacionado con Internet y con sentencia de culpabilidad… yo me comprometo a devolverte cinco noticias distintas de internautas “presuntos”, detenidos por la policía. ¿Quieres probar? Prometo publicar el resultado, sea el que sea.
Creo que el eslogan “Ahora la ley actúa” habría que cambiarlo: “Ahora la policía actúa”. Pero todavía encuentro otro más realista: “Ahora la prensa publica que la poli actúa, aunque luego todo quede en agua de borrajas”. Y tan contentos.